El aburrimiento en las aulas

Calificar de “Alfabetizada” a una persona que sabe leer y escribir, únicamente puede ser uno de los peores errores que nos condenen a tener un sistema educativo cada vez más deficitario. La alfabetización tiene que ver con la capacidad que tenemos de interpretar nuestro ambiente y desarrollarnos de manera efectiva en él. La Reforma Educativa nació en la democracia, en el año 1994. Desde ahí, hemos ingresado en un túnel de oscurantismo y estancamiento que flagela y seguirá flagelando a los estudiantes paraguayos.

En el año 1994 no existía ni siquiera Windows 95, tampoco Netscape Navigator, la primera herramienta doméstica de navegación por internet, no existía Google, Apple no había creado el iPod, el iPhone, el iPad, no existía Android ni los teléfonos inteligentes, que hoy tienen una penetración casi del 100% en nuestro país. Ni que hablar de Facebook, Whatsapp, el wifi, la navegación GPS. No se había clonado aún a la oveja Dolly, no se había completado ni el 1% del estudio de la secuencia del genoma humano, no se podían imprimir órganos funcionales en 3D y una lista enorme de avances que han cambiado nuestra percepción del mundo en los últimos 20 años.

¿Como educar desde una visión y estructura pedagógica de hace 24 años, siendo que en los últimos 10 años han habido más invenciones, descubrimientos e innovaciones que en todo el siglo pasado? No podemos ser irresponsables y generar una lista de cuáles han sido las decisiones o acciones que mantienen a nuestro sistema educativo en este estado de infertilidad, pero sí podemos socializar unas premisas que pueden ayudar a replantearnos algunas cosas:

La percepción humana es lineal, nuestros cerebros están programados para tener expectativas lineales, ya que siempre ha sido así. En contraste, el progreso tecnológico es exponencial. Incluso grandes compañías han quebrado por no entender esta corriente de crecimiento de las tecnologías. Una de las empresas pioneras en telefonía celular calculaba que para el año 2000 iban a existir un millón de teléfonos celulares, cuando en ese año en realidad ya se habían superado los cien millones de teléfonos celulares. En nuestro país, la penetración de teléfonos inteligentes ha sido una de las más aceleradas de la región. Existen más teléfonos inteligentes que habitantes en nuestro país. El conocimiento universal se encuentra democratizado. ¿Qué quiere decir esto? Que ya no hace falta simplemente memorizar las capitales de los países. Hoy, desde un teléfono se puede hacer un tour virtual por las mismas, visitar museos, monumentos y otros lugares emblemáticos. ¿Por qué seguir fomentando una educación de memoria, si todo el conocimiento universal está en nuestras manos, a una pregunta de distancia?

La capacidad de retener información “de memoria” en nuestros cerebros es cada vez más innecesario y menos útil en el mercado laboral o en lo que conocemos como economía del conocimiento. Los líderes sociales, empresariales y políticos de nuestro tiempo no se destacan por ser personas que pueden recitar una poesía de memoria, sino por como son capaces de tomar información disponible y generar contenido con la misma. Es decir, la memorización sin desarrollo de la capacidad creativa o de crear pensamiento crítico, se encuentra totalmente desfasada. Educar apelando a la memoria es una condena para el estudiante.

¿Como seguir educando de manera analógica en un mundo que está consumido por lo digital? No se desconoce la realidad nacional, mucho menos los entornos rurales y las carencias las instituciones tienen.  Pero la Cuarta Revolución Industrial propuesta por Klaus Schwab en realidad plantea que la tecnología llegue primero a esos lugares, porque al final de cuentas es más efectivo e incluso más barato. ¿Qué es barato? Por menos de lo que cuestan 20 libros de texto de una sola materia, los alumnos pueden tener un pequeño proyector que se conecta a uno de sus teléfonos, o al de la maestra y así, acceder a cientos de miles de materias actualizadas, presentadas de manera dinámica y divertida, con docentes de todo el mundo. ¿Utopía? No, está ocurriendo, incluso en países con menos recursos que el nuestro. La única barrera que hay que derribar es la de los paradigmas mentales de “eso es de primer mundo”, “acá no se puede”, “no sirve de nada si al final no van a ir a la universidad” y otras atrocidades que escuchamos a diario. Sí se puede y se debe hacer, para que las generaciones venideras no estén condenadas a una educación obsoleta y al aburrimiento en las aulas.

Por Bruno Vaccotti

Gerente de Educación Emprendedora, Fundación Paraguaya

 

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