Controlar Goteras y Resultados, No Gasto Educativo

Ahora que está clara la definición política para los próximos 5 años, debemos pasar de lo urgente a lo importante. Conviene ser honestos: el recurso humano paraguayo no tiene nivel. Nuestra educación está en último lugar en varios rankings. Nuestra población no sabe/no responde preguntas básicas de matemáticas y lectura. Cuando sabe leer, no comprende lo que lee y no tiene pensamiento crítico. En estas elecciones vimos mucho de esto.

No es culpa suya. No ha tenido el pueblo paraguayo muchas oportunidades educativas como en Argentina, Uruguay o Chile. No ha habido meritocracia en la selección y promoción de los educadores. El sectarismo político reina y la mediocridad impera.

A la crisis educativa los partidos no responden. Tal vez el motivo sea que muchos líderes políticos tampoco han tenido muchas oportunidades. Cuando sí responden, apelan al aumento del gasto público. Desde que cayó Stroessner el gasto en educación, salarios de maestros y edificios incluidos, se ha triplicado. No así el nivel educativo. El Ministerio de Educación rinde cuenta de ejecución presupuestaria, no sobre el rendimiento académico de los alumnos en matemáticas, ciencia y lectura. Rinde cuenta sobre el gasto realizado, no sobre los resultados alcanzados.

Puesto que lo que se mide se hace, no es raro que el resultado académico no sea prioridad. Nadie está controlando. El parlamento no pregunta sobre niveles educativos, sino sobre los rubros y sueldos de los docentes conocidos. La prensa y la opinión pública no tiene información ni nada con qué comparar. ¿A igual de mismo gasto, qué niveles educativos alcanzan los argentinos?

¿Qué pasa? ¿Porqué no se traduce el mayor gasto a mayor aprendizaje y conocimiento? ¿Porqué parece suceder lo contrario y a mayor gasto, más techos de escuelas que se derrumban?

En Paraguay todos tenemos goteras en nuestras casas. Las casas de los alumnos y de los profesores posiblemente las tengan también. Pero no se derrumban techos enteros. Los profesores, en sus propias casas, no esperan a que la situación sea tan extrema para llamar a un albañil. Los propios padres de los alumnos, que se quejan en los noticieros, por más pobres que sean tampoco esperan a que se derrumbe el techo. Sencillamente arreglan el techo, tengan dinero o no. La razón es sencilla, la casa les pertenece y cualquier atraso les perjudica aún más.

En resumen, tenemos dos fenómenos: aumenta el gasto en educación y aumenta el número de techos que se desploman. No aumenta la calidad educativa ni los niveles de aprendizaje de los alumnos y los padres/profesores no impiden que se caigan los techos.

¿Será porque las escuelas no les pertenecen a los padres y profesores? ¿Será porque son de todos

y no son de nadie? ¿Será posible cambiar este paradigma descentralizando la educación a favor, no de los municipios o gobernaciones, sino de los padres? ¿No podrá una asociación de padres controlar el dinero asignado a las escuelas y demandar mayor rendimiento a los directores y educadores donde estudian sus hijos?

Martín Burt, PhD

Director Ejecutivo de Fundación Paraguaya

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