Reinventarse para seguir emprendiendo durante la crisis sanitaria

El Comité Virgen del Carmen, de Cambyreta, Itapuá, trabaja con la Fundación Paraguaya desde hace 13 años; ante el escenario actual en nuestro país y el mundo a consecuencia del COVID-19, las mujeres de este grupo decidieron ingeniarse y reinventarse para seguir adelante. Doña Sebastiana Silva, propietaria de un taller de costura, comenta que debido a que la confección de las indumentarias paró, decidió fabricar tapabocas y ropas de protección personal, como mamelucos, gorros y batas.

 

 

 

Asimismo, otras integrantes direccionaron temporalmente sus emprendimientos hacia la venta de tapabocas y alcohol en gel. Sebastiana sabe que esta situación es una prueba de fuego para las microemprendedoras como ella, pero, a pesar eso, deja de lado la negatividad y enfoca su energía en mejorar siempre su trabajo. “Los emprendedores tenemos en la sangre el sacrificio, la innovación y creatividad, de este tiempo hay que tratar de ver el lado positivo como la solidaridad y el acompañamiento de los familiares y amigos.”, señala.

 

 

 

Desde el inicio de la cuarentena obligatoria, gran parte de la población se vio obligada a dar una pausa a su ajetreada rutina, quedarse en casa para evitar la propagación del coronavirus. Con el correr de los días, la ansiedad y la incertidumbre de qué va a pasar mañana fueron apoderándose de las familias más vulnerables, ya que, al no contar con ingresos necesarios, la canasta familiar se vería afectada.

 

 

 

Hasta que la solidaridad llegó para tomar protagonismo en cada rincón del país con la realización de las famosas ollas populares. Los Comités de Mujeres Emprendedoras de la Fundación Paraguaya de las oficinas de Ciudad del Este, Encarnación, Villarrica, San Juan Nepomuceno, Luque, Limpio, Ñemby, Villa Elisa, Caacupé y Chaco decidieron liderar está actividad para aportar su granito de arena en sus comunidades.

 

 

 

Una de las cosas que caracteriza a las microemprendedoras de la Fundación Paraguaya es que la gran mayoría de ellas trabajan  en la artesanía en nuestro país. Asela Bogado, clienta de la oficina de Carapeguá es una de ellas, se dedica al tejido del poyvi desde que tiene 13 años. Con el inicio de la cuarentena muchos de sus trabajos quedaron parados. Comenta que al principio le fue complicado por la falta de ventas, pero que ahora, con la medida de cuarentena inteligente su emprendimiento va generando nuevas producciones.

 

 

 

Sin perder su alegría, Asela cuenta que emprender con la artesanía genera una gran satisfacción y orgullo, ya que sus trabajos y la cultura van a quedar inmortalizando en las casas de muchas familias. “Una de las tantas enseñanzas de esta crisis sanitaria es que nunca debemos perder la fe y la alegría”,  relata la emprendedora.

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